Astrid
Zoraya Parra
John
Nash, un premio Nobel de economía que se atrevió a proponer un esquema
revolucionario para plantear los funcionamientos idealizados de las relaciones
humanas en cuanto cuáles son sus puntos óptimos de comportamiento. Como lo dice
en un par de frases el protagonista de Una mente brillante: “Adam Smith dijo
que para el mejor resultado cada miembro de un grupo debe hacer lo mejor para
sí mismo… esto es incompleto, incompleto… porque para conseguir el mejor
resultado, cada miembro del grupo debe hacer lo mejor para sí mismo y para el
grupo”. Fue entonces cuando empezó a desarrollar el llamado "equilibrio de
Nash", una de sus principales contribuciones a esta área de las
matemáticas dedicada al análisis de los procesos de toma de decisión. “Según la
teoría, la competencia entre dos oponentes no necesariamente se rige por la
lógica de suma cero. Dos oponentes pueden, por ejemplo, cada uno lograr sus
objetivos máximos a través de la cooperación con el otro, o no ganar nada en absoluto,
al negarse a cooperar. La ganancia o pérdida de un participante se equilibra
con exactitud con las pérdidas o ganancias de los otros participantes” (BBC Mundo,
2015) .
Aunque
los trastornos mentales crónicos de Nash no le impidieron ser Un genio que llego
a su límite por su propio cerebro,
pues puso tanta presión para dejar una
huella en el mundo, el premio Nobel nos da a entender que una mente realmente
poderosa es aquella que se abre a la más brillante y maravillosa de las ideas,
que es la de la aceptación de la presencia y la importancia del amor como
posibilidad real, para sanar los agobios de una vida que giraba en torno a los
cálculos pero que dejo un importante legado en las ciencias.
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